Carta a un militar español
(Primer premio de la fase provincial del 1er Concurso Carta a un militar español)
Querido padre:
Estoy harto de que cada vez que vienes a casa guardes silencio, de que no quieras mirar a nadie a la cara y, sobre todo, de que no vuelvas a reír como antes, en los tiempos de las misiones pacíficas. Me duele que creas que porque ahora no ayudas a nadie y porque acabaste con la vida de aquel desalmado te consideres un verdugo sin escrúpulos ni corazón.
Quiero que cuando regreses vuelvas a ser tú y que si hace falta recuerdes todo lo bueno que hiciste aquellos años. Que rememores cómo y de qué manera durante todo aquel tiempo estuve preguntando por ti cada vez que te añoraba, y cómo mamá me decía que volverías cualquier día de aquellos con miles de historias que contar que trataban de niños perdidos y huérfanos, sin casa ni cobijo y desamparados por su sociedad, pero que siempre acababan bien; espero de veras que en tu mente aún existan esas historias de finales felices en que todos aquellos jóvenes conseguían un hogar lejos de países en guerra y una familia como la que antes tuvieron.
Yo quiero que sepas que aunque ahora en donde estás haces cosas moralmente cuestionables, desde que nos dejaste, largo tiempo atrás hasta el día de hoy, no he dejado de admirarte. Porque me encanta todo cuanto has hecho y haces allá donde vas. Porque me sigue emocionando releer las cartas en las que relatabas cómo habíais logrado quitar minas en torno a un poblado, o cómo llevasteis a cabo la construcción de escuelas, hospitales y demás. Simplemente te sigo admirando porque sé que en todas aquellas acciones, tan dignas y memorables, dejabas para mí una historia agradable que contarme.
Si no te ves con ánimo para seguir adelante, quiero que me escribas, yo te daré mil y una razones para continuar ahí. Para mí eres el mejor militar que ha pisado estas tierras, por tus anteriores y futuras acciones, por tu dedicación, y porque gracias a ti y los tuyos, pueblos en guerra están protegidos, niños del mundo tienen amparo y, ante todo, dais seguridad a quien ya no la tenía.
¡Alegra esa cara! Hasta la próxima visita. Te recuerda, tu familia.
(Silvia Hernández Calvo, 2ªA BACH.)